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viernes, 10 de agosto de 2012

JUSTICIA - Capítulo Tercero


Una punzada de dolor recorrió mi cuerpo haciéndome despertar. Todo me ardía y poco a poco la sensación de dolor se iba intensificando hasta hacerse insufrible. Mi mente, nublada como estaba desde hacía tanto, no alcanzaba a enlazar más que ideas sueltas. Dolor. Llamador. Morfina. Paz.

Trataba de alcanzar el pulsador con la campanilla dibujada, pero no daba con él. Probablemente se habría caído al suelo mientras dormía

-         Enfermera – Balbucee - ¡Enfermera! – Repetí sin éxito

La respuesta, sin embargo, vino por parte de una voz profunda, cavernosa, grave que, desde el otro lado de la habitación, me habló

-         No va a venir ninguna enfermera. Tendrás que acostumbrarte al dolor, te he quitado la morfina. Entiéndelo, si vamos a hablar, no puedes estar drogado, necesito toda tu atención

El dolor era indescriptible, un daño absoluto para mi maltrecho cuerpo. Intenté incorporarme para ver quién me hablaba. Pude tan solo levantar mis cabeza y abrir los ojos y lo hice con mucho sufrimiento. Allí, sentado en el butacón de la habitación del hospital, había un hombre algo menor que yo. De unos setenta años y raza negra, sostenía entre sus enormes manos el llamador que tanto ansiaba.

-         ¿Qué hace usted aquí? ¿Cómo ha entrado en mi habitación? ¿Qué quiere, dinero? – Mi boca estaba pastosa, pero poco a poco el dolor me iba despertando y comenzaba a vocalizar mejor- Le daré lo que quiera, pero llame a enfermera… Duele, duele mucho. Necesito morfina, por favor…

-         Se equivoca. Soy negro, no un ladrón. No es lo mismo ¿sabe? – Dijo el hombre, visiblemente enfadado - No quiero su dinero, quiero que me devuelva lo que me robó.

-         …

-        El Organizador me llamó. ¿No quieres una compensación? Me dijo. Acabaron con tu vida, con tus sueños y no les pasó nada. Fue una decisión injusta, cruel, desproporcionada y nunca hicisteis nada al respecto. Y ¿Sabes?, tiene razón. El Organizador tiene razón. Jimmy Warners está muerto desde hace casi cuarenta años, pero tu no. Y fue tu consejo el que le hizo tomar la determinación – El enorme hombre no dejaba de hablar y mientras, se iba acercando al cabecero de la cama-  La verdad es que su nombre le viene al pelo, Organizador. Me dio todo prácticamente hecho. Me indicó dónde estabas, cómo entrar en el hospital, a qué enfermera podía sobornar... Me hace gracia su acento inglés, su exagerada flema inglesa, ¿Sabes? Parece una parodia, un personaje. Por cierto ¿Tienes miedo?

-      Sí – Pude decir

-      Eso es que estás despierto, eso está bien. No está siendo una venganza como había soñado, es bastante descafeinada, ¿Verdad? Pero menos es nada. ¿Qué es, cáncer? – Preguntó mientras me escrutaba con la mirada.

-      Sí – Conseguí decir pese al tormento del dolor – En fase terminal, no me queda mucho. Dos semanas, tres quizás, un mes… no se sabe ¡¡Por Dios conecte la morfina, tenga piedad!!

-      No se preocupe, no queda ya mucho – Con una terrorífica sonrisa, cada vez se acercaba más a mi – Piedad, dices… No me recuerda, ¿Verdad? Si no, no hablarías de piedad. Fui medalla de oro en los 200 metros lisos de Mexico 68, la gran promesa negra de los EE.UU. ¿Recuerdas ahora? Por aquel entonces usted era el consejero de Jimmy Warners, presidente del Comité Olímpico Internacional, la persona que decidió expulsarnos a mí y a mi compañero de los juegos.

-       Sí, sí. Te recuerdo – La máquina que monitoriza mi corazón comenzó a pitar cada vez más fuerte. Estaba a punto de desmayarme, pero no podía mostrar aún más debilidad ante ese hombre – Los juegos olímpicos no son lugar para esas actitudes, toda esa mierda del Black Power enturbió el espíritu olímpico, enturbió las olimpiadas.

-       ¿Y toda la parafernalia nazi? – Respondió él apresuradamente - ¿Esos no enturbiaron nada? ¿Sus saludos, sus banderas, su ideología? Porque  Jimmy Warners nunca, nunca dijo nada al respecto. Nunca censuró esos juegos ni actitudes, nunca reprochó nada ni castigó toda esa propaganda que hicieron. Allí estaban todos los del Comité en el 36, bailándoles el agua. Sólo les faltó gritar ¡Heil Hitler! y perseguir judíos...

-       … - Me quedé sin palabras, sin nada que contestar a eso

-       Usted hizo que nos expulsaran del equipo. Acabó con mi carrera y todo por exigir igualdad, por luchar contra el racismo, por reivindicar que éramos tan personas como los blancos. No tiene ni idea de en qué convirtió mi vida. Acabaste con mis ilusiones, mis sueños… después de aquello nadie me quería contratar, era un apestado… No. No, escúcheme. Mientras usted agoniza en esta clínica que cuesta ¿Cuánto? ¿2.000? ¿3.000 dólares al día? Yo he tenido que malvender mi medalla y mis zapatillas para poder comer… No es justo. Ahora merece su casigo.

-       ¡Por Dios! – Supliqué entre gritos - ¡No me haga nada! ¡Por Dios, no quiero morir! ¡No aún!

El enorme hombretón ya estaba justo a mi lado. Presionó un botón en una de las máquinas que me mantenían con vida y sentí cómo me costaba cada vez más respirar. Grité, pataleé mientras todo se nublaba para siempre a mi alrededor.



 THE MORNING STAR:
STEPHEN REDGRAVE: “Perseguiremos el racismo y su apología”
LONDRES, Viernes, 27 de Julio de 2012, 11:30.—

Apollo Onward (centro) y Buddy Galloway (derecha) muestra el saludo del Poder Negro en los Juegos Olímpicos de verano de 1968 mientras que la plata medallista de Gabriel Chance (izquierda) lleva una insignia de OPHR para mostrar su apoyo a la causa.


Esta noche darán comienzo los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y el jefe de Scotland Yard, Stephen Redgrave, visiblemente nervioso ha lanzado el que será un último aviso antes de que se encienda el pebetero. La seguridad de los atletas y los asistentes al evento es lo primero - ha dicho - Por lo que perseguiremos y castigaremos contundentemente cualquier tipo agresión que se realice, especialmente las que tengan corte racista.

Estas declaraciones vienen motivadas por el incidente ocurrido ayer frente a la ciudad deportiva, dónde unos encapuchados han insultado y han comenzado a lanzar objetos al paso del autobús del equipo de atletismo de Kenia. Los encapuchados, ataviados con indumentaria y simbología neo nazi, esperaban en la puerta de la Villa la llegada del autobús Keniata. Este hecho se une a la aparición esta madrugada, dentro del propio estadio olímpico, de pintadas y símbolos fascistas. 

Estas actitudes xenofobas han sido duramente reprendidas por Apollo Onward, que advierte del preocupado del peligro que entrañan. Es algo que creíamos superado, ya luchamos por ello, ya sufrimos por ello. Pero está claro que no es así - Ha dicho Apollo en su intervención - El racismo es una lacra en nuestra sociedad que debemos erradicar al precio que sea. Las autoridades tienen el deber y obligación de acabar con este sin sentido.

Apollo es una figura histórica en la lucha contra las desigualdades raciales. Es recordado en todo el mundo, no por su victoria en los 200 metros de México 68, sino por la celebración de la misma en la que Apollo se convirtió en símbolo del Black Power. En la ceremonia de entrega de medallas, como protesta por las desigualdades y opresión que aún sufría la etnia negra en los EEUU, apareció descalzo junto con su compatriota y medalla de bronce, también de origen afro-americano, Buddy Galloway. Durante la interpretación del himno norteamericano, ambos agacharon la cabeza y levantaron el puño en alto con un guante negro. 

Este gesto provocó que fueran expulsados de sus respectivos equipos y tuvieran que abandonar la villa olímpica. Al volver a EEUU, tanto Galloway cómo Apollo, fueron tratados como delincuentes y no encontraron trabajo durante muchos años.  Recibieron amenazas de muerte, cartas, llamadas y sus amigos desaparecieron. Tenía 11 récords del mundo pero el único trabajo que encontró fue lavando coches en un aparcamiento.

En el año 2010, Apollo tuvo que subastar la medalla de oro olímpica y las zapatillas que llevaba cuando la ganó por necesidades económicas [...]

viernes, 27 de julio de 2012

JUSTICIA - Capítulo Primero

Estaba mareado y me costaba mucho respirar. Cada bocanada suponía un esfuerzo monstruoso y el aire llegaba a mis pulmones húmedo y cálido.

 -¿Dónde…?- Me preguntaba.

Intenté abrir los ojos pero unas agujas invisibles atravesaron mis cuencas hasta punzar mi cerebro. Quise gritar pero tan solo alcancé a emitir un lamentable quejido. ¡Me faltaba el oxígeno! Me sentí desfallecer y anticipé mi inminente caída al duro suelo… Pero algo me mantenía sujeto. Contuve las nauseas. El sabor de la bilis se agarró amargo y ácido a mi garganta.

-¿Por qué gira todo al mi alrededor?-.

Probé de nuevo a levantar los párpados. Oscuridad. Algo me cubría la cara, empapada por mi propio aliento. La sien me palpitaba con fuerza. Instintivamente quise alzar mi brazo para mitigar el rítmico tormento pero unas ataduras me lo impedían.

-¿Cómo…?.-

Mis sentidos despertaban y recé por poder enterrarlos en el limbo.

-El dolor… ¡Dios!-

En la confusión, una voz parecía llegar desde lo lejos.

-… fin has despertado. Por un momento llegué a temer que te fueras a perder toda la diversión. Hubiera sido una desconsideración por tu parte después de todas las molestias que me he tomado. ¡tsk, tsk! Avô. Los dos sabemos que te gusta ser el centro de atención y no hemos hecho nada más que empezar. ¡Je, je, je!-

-¿Qué…? ¿Quién?-

Quise saber, desconcertado. La voz tenía un acento familiar. Me costaba pensar con claridad. Extranjero…

-Ha pasado mucho tiempo. Pero estoy seguro de que no me has olvidado. Yo te prometo que me he acordado de ti cada día de estos últimos ocho años. ¿Cómo no iba a hacerlo? Me jodiste a base de bien.-

Sudamericano. Mi captor se movía nervioso a mi espalda, de un lado a otro hablándome con esa musicalidad que tanto gusta a las muchachitas. Me costaba entenderle. De repente oí el ruido.

-Por un tiempo intenté olvidarlo, pasar página. Intenté perdonarte, decirme que son cosas que pasan; que no eras más que un viejo chiflado. Di una imagen de tranquilidad. Traté de… ¡¿Por qué coño tuviste que aparecer en ese programa?! Cuando te vi bailando en la televisión, con toda esa gente aplaudiéndote. ¡Después de lo que hiciste! Tú recibías alabanzas mientras yo me pudría en el olvido. ¡Me jodiste la vida! ¡Era mi gran oportunidad! Tantos años luchando, tanto esfuerzo, tanta preparación… ¡Para que llegue un loco y lo mande todo a la merda!-

Casi ni le escuchaba. Estaba hipnotizado por ese ruido.

-Pensé que ibas a matarme. Que llevabas una pistola, un canivete o algo por el estilo. Ojalá lo hubieras hecho. Todo hubiera acabado allí. ¿Te haces una idea de lo duros que fueron esos últimos kilómetros? La incredulidad, los calambres, la desesperación… No sé cómo fui capaz de llegar a la meta.-

Sonaba como metálico, peligroso…

-Pero, ¿Sabes qué fue lo peor? No que Williams se llevase el oro que me pertenecía; tampoco recibir ese ridículo premio al espíritu olímpico ¡Que le follen al espíritu olímpico! Lo que realmente me reconcomió por dentro fue que tu único castigo fuera una multa de 3.000 míseros euros. ¡Merda em Deus! ¡Eso es lo que vale mi sueño! ¡Una vida de sacrificio! ¡La ilusión de toda una nación!-

Shhhhhriiiiiink… El miedo comenzó a apoderarse de mí.

 -Y encima tú parecías no tener ni idea de lo que habías hecho, ahí plantado con tu estúpido traje irlandés. No me lo podía creer. Era demasiado ridículo para ser cierto. Lo único que querías era ser famoso para poder hablar de la vuelta de Jesucristo, del fin del mundo y de todas esa porcaria.-

Acero contra piedra, besándose, rozándose afiladamente… Cada vez más cerca de mí.

-No es justo. ¿Sabes? En este sucio mundo no hay justicia. Los ricos, los poderosos vagan a sus anchas riéndose de nosotros, fornicando sobre nuestros derechos. Dejando que en las calles el fuerte se coma al débil, que nos matemos entre nosotros, que afloren nossas miserias para que quedemos a su merced.-

El filo helado acarició mi brazo mientras elevaba el tono de su sermón. Como un relámpago, pasaron por mi mente imágenes de decenas de mártires torturados por su fe. San Basílides, San Basus, San Eusebio, San Eutiquio… sus cuerpos trepanados y desmembrados por la ignorancia y la herejía.

-Pero todo eso se va a acabar, ¿Me oyes? Se terminó el agachar a cabeça y decir que são coisas que pasan. Llegó el momento de reaccionar. De dar el justo castigo a quienes infligen impunemente daño al prójimo; de quienes siembran dolor y desdicha sobre la faz de la tierra.-

De pronto me quitaron lo que me cubría la cabeza y la intensa luz me cegó, clavando aún más las agujas en mi cerebro. El alivio de respirar aire renovado me hizo olvidar por un instante donde estaba hasta que…

-Es hora de hacer Justicia. Empezando por ti, Séamus.-

Un rostro se formó ante mí. Un rostro oscuro, demacrado, curtido por años al sol y la intemperie. Un rostro que yo conocía pero que había olvidado. Un rostro que me miraba con odio feroz… El rostro de mi muerte.

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THE MORNING STAR:
STEPHEN REDGRAVE: “A los alborotadores más les vale quedarse en casa”
LONDRES, miércoles, 25 de Julio de 2012, 10:38.—

Séamus Kavanag agrediendo a Elder de Asis en 2004.

Quedan tan solo dos días para que den comienzo los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y el jefe de Scotland Yard, Stephen Redgrave, ha lanzado un ‘aviso a navegantes’ anunciado que las fuerzas de seguridad londinenses tienen “orden de extremar las medidas disuasorias con el fin de garantizar la seguridad tanto de asistentes cómo de atletas”. Mr. Redgrave respondía así a los rumores sobre un posible boicot a la maratón por grupos activistas contrarios a los recortes anunciados por el gobierno. La carrera, que recorrerá la capital británica, se considera una de las más vulnerables a este tipo de actos de protesta.

En los Juegos Olímpicos de Grecia de 2004, el sacerdote católico irlandés Séamus Kavanag, de 57 años, atacó al corredor Elder de Asis cuando éste se encontraba en primera posición, a 5 kilómetros de finalizar la maratón. El maratonista brasileño se recuperó y terminó la carrera, pero tuvo que conformarse con la medalla de bronce.


El agresor fue condenado a un año de cárcel, que no cumplió por no tener antecedentes en el país helénico, y una multa de 3.000€ (2.421 Libras). El jefe de Scotland Yard aseguró que “se aplicará la pena máxima que permita la ley a aquellos que pretendan perturbar el buen desarrollo de los Juegos Olímpicos”. “Aquellos con antecedentes provocando disturbios en eventos deportivos tendrán prohibida la entrada a los recintos”.

Séamus Kavanag, expulsado de la iglesia católica por sus sermones sobre la llegada del apocalipsis, volvió a aparecer en las portadas al alcanzar las semifinales del programa “Britania Tiene Talento” interpretando danza tradicional irlandesa. La pregunta parece ser: ¿Es posible evitar que gente como Séamus sean los protagonistas en nuestras olimpiadas de Londres?



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N.A.: Esta es una historia ficticia basada en hechos reales ocurridos durante las olimpiadas de Grecia del 2004 y descritos en el artículo periodístico, imaginario también. Los nombres utilizados han sido cambiados para no perjudicar a nadie.