- Paula,
Luís, cuánto tiempo... Gracias por venir - Dijo Gregorio lentamente, sin saber
muy bien por dónde empezar.Paula y Luís, recién llegados de la ciudad y con más recelo que simpatía, se miraban de forma cómplice. Llevaban casados cinco años, aunque sus vidas habían estado entrelazadas desde antes de lo que su memoria podía alcanzar, por lo que eran capaces de reconocer los pensamientos del otro con apenas una fugaz mirada.
- Mucho tiempo, sí - repuso Paula con tono impaciente. - ¿Qué pasa Gregorio? ¿A qué viene esta premura? Teníamos pensado pasar el fin de semana en casa de los padres de Luís, pero nos llamó María al borde de los nervios, sin explicarnos nada pero rogándonos venir a toda prisa. Hemos tenido que dejar a la niña con los abuelos. ¿Qué es eso tan urgente que necesita nuestra presencia inmediata?
- Lo sé, lo siento, pero parece que es algo realmente grave - Continuó María, mientras sacaba la foto del bolso y se la mostraba a su hermana y su cuñado. - Se trata de Marcos. Esta mañana encontré esta fotografía en la puerta de casa. Como podéis ver, aparece la fecha, es de hoy mismo. No sabía quien la podía haber dejado ahí, ni con qué motivo, hasta que se la enseñé a Gregor.
Paula y Luís, casi más molestos que extrañados, miraban atentamente la foto sin decir palabra, esperando que alguien les explicase el por qué de esa inoportuna broma.
- Sí, es Marcos, y la cosa pinta muy mal. Tenemos que volver a la iglesia de San Judas.
Luís y Paula no necesitaron más detalles para saber exactamente a lo que se refería. Había pasado mucho tiempo, pero se acordaban perfectamente de aquel día en que su ansia de aventuras había llegado al límite, costándoles un susto de muerte, y en cierto modo, su férrea amistad. Todo empezó como siempre: un libro destartalado, la polvorienta buhardilla, cinco amigos y un nuevo misterio. Era leyenda popular, aunque poco extendida, que en la iglesia de San Judas se oían extraños cánticos nocturnos. No eran habituales, pero cuando alguien los oía siempre era en noche de luna nueva. Algunos se burlaban de esa vieja historia de fantasmas, pero los que realmente habían oído los cánticos, apenas querían hablar del tema. Gregorio había leído acerca de la leyenda y de la supuesta procedencia de esos extraños cánticos ocultos, y había compartido la historia con sus amigos. Como siempre, decidieron comprobar la veracidad del asunto por su cuenta y riesgo, pero algo se torció, y no sólo no consiguieron encontrar el pasadizo a las catacumbas, sino que Marcos casi... No querían ni acordarse. Todo sucedió demasiado rápido. Escucharon un sonido tenue pero melódico. De repente el campanario comenzó a arder y se asustaron tanto que Marcos resbaló. Era un simple pozo vacío, pero comenzó a salir agua del suelo. Si no llega a ser por la rapidez con que María corrió a buscar ayuda...



