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lunes, 29 de noviembre de 2010

Evolución - Indice

Mi nombre es Donald Summers, y los acontecimientos de los últimos días, han cambiado mi vida para siempre. Estaba acostumbrado a vivir solo en mi apartamento. Mi casa estaba llena de comics, libros de rol, películas fantásticas, y como no, revistas y videos porno, enseres básicos si perteneces a mi grupo. Lo importante es que no solía salir de casa para nada, podían pasar días, semanas, meses, y lo más divertido para mi, era sin duda descargar el siguiente capítulo de mi serie favorita, a ración de una por día de la semana, jugar al Deep Space, un maravilloso juego de zombis en una nave espacial, y crear partidas de rol online. 



Así comienza Evolución, léelo al completo y fácilmente siguiendo nuestro indice



- Primera Parte - http://loscuatromilcuatrocuentos.blogspot.com/2010/09/evolucion-parte-1.html

- Segunda Parte - http://loscuatromilcuatrocuentos.blogspot.com/2010/09/evolucion-segunda-parte.html


- Tercera Parte -http://loscuatromilcuatrocuentos.blogspot.com/2010/09/evolucion-tercera-parte.html


- Desenlace - http://loscuatromilcuatrocuentos.blogspot.com/2010/10/evolucion-desenlace.html


Esperamos que  os guste tanto como a nosotros, ¡un saludo a todos!

viernes, 1 de octubre de 2010

Evolución. Desenlace

Diario de Donald Summers. Dia 15 de cautiverio.

Sigue sin haber ningún contacto con aquellos que me han secuestrado. Los días se hacen interminables y mi única manera de pasar el tiempo es escribir. Tengo suficiente papel y lapiz para un par de meses, aunque empiezo a creer que mis secuestradores se quieren hacer ricos a mi costa con mis memorias.
Todavía no me han dado nada para comer. Empiezo a sentir mucha hambre. Las fuerzas me empiezan a flaquear, me resulta difícil incluso escribir. Esto me recuerda a la época que estuve enganchado al WOW, apenas comía (menos mal que el juego te recordaba cada cierto tiempo que tenías que comer algo).

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Diario de Donald Summers. Dia 30 de cautiverio.

Hoy me han dado de comer por primera vez. Era una mezcla entre carne humana y algo que sabía a pollo, aderezado con algo que no pude reconocer. Estaba asqueroso. Por lo general no lo habría comido pero tenía demasiada hambre. En cualquier caso mi cuerpo no lo toleró y lo vomité.

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Diario de Donald Summers. Dia 40 de cautiverio.

Llevan días dándome de comer el mismo plato. Los primeros días vomitaba la comida pero llevo algunos días sin hacerlo. Mi cuerpo empieza a tolerar lo que sea que meten que sabe a pollo.

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Diario de Donald Summers. Dia 60 de cautiverio.

Durante estos días me he dado cuenta de algo: me usan de conejillo de india. Han ido reduciendo la cantidad de carne humana que meten en el plato de comida. No se si ha sido lo que metían en la comida o la propia necesidad de mi cuerpo a sobrevivir, pero noto que la necesidad de carne humana casi a desaparecido.

Diario de Donald Summers. Día 65 de cautiverio.

Ha sido una noche larga. Estaba durmiendo cuando una fuerte explosión me despertó.  Luego oí como si una panda de Uruth-Hai atacaran el sitio donde estaba encerrado. Escuché disparos, gritos y luego una fortísima explosión antes que se viniera abajo la sala donde estaba.
Me llevó toda la noche salir de la montaña de rocas bajo las que estaba sepultado. Arrastrándome por los recobecos que dejaban conseguí deslizarme hacia la puerta de la celda. El silencio contrastaba con el griterío y el ruido de disparos que había escuchado no se cuanto tiempo antes. Todo estaba oscuro. Subí por una escaleras, desplacé una piedras y entre en una gran sala. Era una especie de almacén. En él, debía haber como 100 cuerpos, entre humanos y zombies, todos muertos. Conté los que estaban enteros, además había por todas partes trozos de cuerpos incompletos, desmenbrados, debido, seguramente, a las múltiples explosiones.
El almacén debió ser un laboratorio. Había mesas, tubos de ensayos, ordenadores, bidones con todas clases de productos químicos, ahora vacíos. Las explosiones que escuché debieron ser provocadas por la inflamación de todos estos productos. En un lado había un enorme agujero en la pared. Por ahí debieron entrar los zombies.

Diario de Donald Summers. Dia 1 de libertad.

Un día nuevo comienza y una nueva vida empieza para mi. No se que clase de producto inventaron aquí, pero me han convertido en algo que no se lo que es. Ya no soy humano, ni soy zombie. Soy el primero de una nueva especie, más listo que los zombies, más fuerte que los humanos creo que se puede decir que mi evolución ha terminado.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Evolución. Tercera Parte.



Mi nombre es Donald Summers y agradezco que por fin me hayáis dado lápiz y papel. Si sois los mismos que me tendieron la emboscada y que me dejaron fuera de combate, intuyo que también tendréis mis cosas en vuestro poder, entre ellas mi diario. Supongo que al menos uno de vosotros sabe leer (y si no, ¿para qué demonios me disteis papel y lápiz?) así que imagino que habréis leído ya mi historia. Todo un clásico, por otra parte: el friki pajillero convertido en amenaza global zombi (aunque prefiero el calificativo “Señor de los No Muertos”, gracias)

Me gustaría apuntar, antes que nada, que yo no empecé todo esto, ¿vale? Es decir, sí. Cuando me vi convertido en zombi y con la capacidad de controlar a los demás a mi voluntad pues sí, es verdad que empecé a extenderlos como legiones y tal. Pero que conste que, en el fondo, no soy más que una víctima de todo esto. Me convirtieron en contra de mi voluntad, ¿vale?

Os lo hubiese gritado una y otra vez desde el momento en que desperté y vi que me habíais encerrado en esta celda acolchada. Pero, como habéis podido deducir, uno de los bocados que recibí en mi bautismo zombi fue a la altura de la garganta. Lo que queda de mis cuerdas vocales apenas si me permite emitir un triste gemido gutural.

Pero lo repito: no fui yo el que empezó toda esta movida. Insisto porque intuyo que aquella transmisión de radio era un cebo para vuestra trampa. “Ciudad Libre Zombi”. Ya, claro. Debí haberme olido que utilizaríais el mismo truco que usaba cuando lideraba mis legiones de no-muertos. El caso es que si sois una panda de rencorosos humanos, me puedo dar por muerto (perdonad el chiste fácil) Aunque quizá os sería más útil vivo. O mejor aun. Podéis aprovechar que aun no os he visto el careto a ninguno de vosotros y dejarme salir de aquí cuanto antes. A fin de cuentas, ahí afuera hay un buen montón de cadáveres ambulantes a los que podría controlar y enviar contra vos…

Espera un momento. Vale. Acabo de recordar que tenéis mi diario así que ya sabéis lo de la “hambruna zombi”. Lo de que mis antaño fieles hordas ahora son una marabunta sedienta de carne y a la que ya no controlo todo lo bien que debería. Concretamente, en el momento de captar vuestra transmisión, buscaba un refugio donde esconderme de las miraditas hambrientas que me lanzaban mis queridos “minions” putrefactos.

“Ciudad Libre Zombi”. La verdad es que os lo currasteis para llamar mi atención. Aunque entre la estática de la transmisión y la escasa vocalización del tipo que la entonaba, bien podría haber dicho cualquier otra cosa. Pero aquellas tres palabras si que se dejaron oír a la perfección. ¿Habría habido otros como yo? ¿Otros “elegidos” que hubiesen conservado su capacidad de razonar?

Iluso de mí. Debí empezar a olerme problemas en cuanto llegué a la frontera con Canadá. Las coordenadas que acompañaban al mensaje me llevaron hasta los muros de esa especie de fábrica en la que no sé si aun sigo. Siento haber empotrado el jeep contra la muralla de refuerzo que rodeaba vuestra fortaleza, pero no esperaba encontrarme con aquella estampida de búfalos zombis. De donde yo vengo, los animales zombificados habían sido la primera dieta sustitutiva de humanos. Lamentablemente, no duró mucho tiempo.

En fin, creo que incluso os debo dar las gracias. De no haber sido por esos gases verdes que soltasteis a través de la muralla hubiese acabado como pasto de esas malas bestias. Lo que me lleva a la siguiente cuestión…

Sea lo que sea esta “Ciudad Libre Zombi”, parece que me queréis con vida, ¿no? En tal caso sólo me resta esperar a que reaccionéis ante estas líneas. Aunque antes debo pediros que me alimentéis cuanto antes porque, de lo contrario, en poco tiempo no seré más que un montón de estiércol. ¿Por qué no os dejáis de movidas en plan “Saw” y me decís qué queréis de mí?
[Concluirá...]

lunes, 20 de septiembre de 2010

Evolución. Segunda Parte

Mi nombre es Donald Summers y los acontecimientos de los últimos días han cambiado mi vida para siempre. Estaba acostumbrado a liderar al imparable ejército de zombies. A sembrar el terror allá por dónde iba. A ser seguido por cientos de miles (¿Quizá millones?) de descerebrados. Y, lo más divertido para mí, devorar cuerpos humanos y sembrar la muerte y oscuridad en los cuerpos de los vivos, a ración de uno por día. Aunque últimamente la escasez de humanos está haciendo peligrar esto último y algo más.

Hace semanas que por mucho que rastreo con la radio no encuentro rastro de vida humana en las ondas. Los militares han dejado de utilizar la radio, quizás consientes de que escuchaba todos sus movimientos, quizás simplemente porque no queda ninguno vivo. Esos pocos que se creían salvadores de la humanidad y que comunicaban su posición para que los supervivientes acudieran a ellos también han apagado sus emisoras… y sus vidas ¡¿A quién se le ocurre indicar con pelos y señales donde se encuentran?! Todo parece indicar que la resistencia ahora forma parte de nuestras filas.

Únicamente se escuchan las letanías de cintas grabadas emitiendo, en todas las frecuencias civiles, mensajes que seguramente más que tranquilizar aterrorizaron a quien las escuchase. En ellas se decía que los centros fortificados de las ciudades no daban más de sí, y que no se podía asegurar en ellas la seguridad (y tanto que no se podía asegurar ¡menudas carnicerías!), que todos los ciudadanos debían alejarse lo más posible de los centros urbanos y esperar a ser rescatados (que esperen sí). La tele hace meses ya que no emite y aunque emitiese, las centrales eléctricas están apagadas o reventadas. Únicamente los molinos de viento y las centrales fotovoltaicas funcionan, pero no hay nadie para hacer que esta energía llegue a la red.

Al principio me entusiasmaba lo que hacía. Ser todo un líder, un dios sobre la faz de la tierra, un ser perfecto, era algo nuevo para mí. Conservaba toda la inteligencia y conocimientos del humano que fui pero conserbaba el ansia, la fuerza y la cabezonería de el zombie que era. Saber que sin mí el pequeño brote zombie no habría ido más allá de infectar la pequeña ciudad en la que vivía, que nunca habría llegado a convertirse en el apocapsis que ahora hace que los humanos estén en peligro de extinción… Pero ahora no estoy seguro de haber obrado bien. No porque me importe una mierda todos a los que he matado ni todo lo que he hecho, sino porque me aburro. No os equivoquéis, no me aburro porque no haya humanos con los que hablar. No echo de menos el trato humano, ni la comida de mamá, ni tan siquiera el ruidoso y familiar sonido de la ciudad de fondo… Pero la tele, la play, Internet… a esos sí que los echo de menos. A tanto ha llegado el tedio que he comenzado a escribir (con un rústico cuaderno y boli) mis crónicas, Evolución las he llamado, y son estas que no se si llegará alguien o algo a leer alguna vez.

Me hubiera gustado encontrarme con un Flagstaff de la vida, un héroe como el de zombieland, que me pusiera las cosas más difíciles, un reto, pero no ha sido así. Todo ha sido demasiado fácil. Las ciudades, los países, los continentes han ido caído uno tras otro, sin encontrar resistencia alguna. En la realidad no ha sucedido como en las pelis de zombies. La gente no se ayuda, no se protegen los unos a los otros. Simplemente huyen, no piensan, intentan sobrevivir a costa de lo que y de quién sea. De echo no se comportan de manera más inteligente que mis infinitas hordas… No digo más que casi no he tenido que recurrir mis conocimientos en la materia para conquistar el mundo.

El caso es que ha pasado varios meses y además del aburrimiento, ahora me encuentro un gran problema con el que no había contado. Lo hemos hecho tan bien, hemos aniquilado y convertido para nuestro ejército a tanta gente que los humanos escasean. Son un bien extremadamente escaso y tenemos hambre. Hambre de humanos porque, por alguna extraña razón, comer animales no nos atrae lo más mínimo. Las peleas empiezan a ser generalizadas dentro de mi inalcanzable séquito y el canibalismo comienza a ser una rutina. Creo que hemos llegado a lo que los economistas conocían como morir de éxito.

Temo ser devorado por mis hambrientos seguidores, ni los no muertos ni los vivos estamos ya a salvo. Soy muy consciente de ello y por eso ayer, a hurtadillas, tras dar unas órdenes incoherentes huí de mi propio ejército. Dudo que se den cuenta de lo que he hecho pero aún así me he asegurado unos cuantos días de ventaja. Tenía que hacerlo.

Hace apenas un rato, mientras repasaba mis notas volví a encender la radio. Rutinariamente, como cada anochecer, recorría el dial buscando algo que no fuera estática o los repetitivos mensajes obsoletos. No esperaba encontrar nada. Por eso, al captar la inesperada señal me estremecí como no lo hacía desde mi conversión. Excitado comienzé a mover la antena, buscando una mejor recepción, hasta que las palabras se vuelvieron inteligibles. El mensaje era claro. No puede ser, me dije a mi mismo primero en voz baja ¡No puede ser! repetí voz en grito rompiendo la paz de este mundo silencioso

[Continuará...]