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viernes, 15 de marzo de 2013

La Venganza De Un Buen Hombre - Indice


Apareció de la nada, como todos los demás de la reunión. Afuera, la lluvia azotaba sin piedad los coches que se alineaban en el parking del centro cívico. Dentro las goteras llenaban algunos cazos y barreños que, repartidos por toda la galería, servían como banda sonora al drama y las tragedias confesadas en voz alta. Como los demás, aquel hombre tenía unos cuarenta y pocos. Como los demás, llevaba una pegatina en el pecho con un nombre de pila que, con toda seguridad, sería falso.

“Bob” – o al menos así lo bautizaba su pegatina – vestía sudadera de color negro, pantalones vaqueros y calzado deportivo muy gastado. Tenía la cabeza afeitada y su complexión era atlética, más fuerte que los demás. Algunos lo miraban, sentados en sus sillas plegables, preguntándose en silencio cómo lo hacía. Cómo cóño podía mantener esa figura con un cáncer corroyendo sus entrañas.

Así comienza "La Venganza De Un Buen Hombre". Puedes leerlo siguiendo nuestro índice:

Primera Parte - http://loscuatromilcuatrocuentos.blogspot.com.es/2013/02/la-venganza-de-un-buen-hombre-primera.html


Esperamos que os guste tanto como a nosotros, ¡un saludo a todos!

La Venganza de un buen Hombre - Conclusion


Cuando Ronnie entró en la planta 42 del centro de congreso de Los Angeles vió, una vez más, el resultado del fracaso en su trabajo. Todos estaban muertos: Ralph, Adam, Tom,.... John, incluso los perros.

Su conversación con John había dado tiempo para que los grupos Alfa y Beta de las fuerzas especiales tomaran posiciones; Accedieran a la planta a través del hueco del ascensor y se situaran en el falso techo a través de los conductos de ventilación. Mientras, el grupo de técnicos Omega cortaba cualquier tipo de comunicación y emisión que pudiera salir del edificio (excepto la llamada telefonica entre Ronnie y John). Ninguna señal de audio, video ni datos podría salir, ni entrar en el edificio ya fuera por cable o aire. Con esto evitaban que desde el propio edificio se pudiera emitir las imágenes o mandar una señal a alguien que pudiera enviarla.

El asalto apenas duró unos segundos. John y sus amigos no tuvieron ninguna oportunidad. Primero cayeron los perros, a continuación los secuestradores. Ninguna baja en los rehenes, -un trabajo perfecto- comentaba uno de los soldados.

- Si, perfecto- repetía Ronnie en voz baja mientras contemplaba el cuerpo sin vida de John sin poder evitar que se le escapara más de una lágrima.

-Sargento- una llamada por el comunicador, le saco de su ensimismamiento. - ¿Si?- contestó intentando recuperar la compostura.- Señor, han cogido al lider de los secuestradores-, -¿como?, contestó sorprendido Ronney- Si señor, ha confesado y quiere hablar con usted-.

...


Ronnie miraba al padre Fenris a través del amplio cristal. Sentado en una silla de ruedas contemplaba fijamente el ventanal que les separaba. Ronnie pensaba que parecía que le miraba fijamente a los ojos. Permanecía tranquilo.

Leyó de nuevo el informe. Todavía no había dicho nada. Simplemente que era responsable de preparar el plan de secuestrar al G20 y que quería hablar con él.


Tiró la carpeta encima de la mesa. Las fotos de los hombres muertos en el asalto de las fuerzas especiales de desparramaron por las mesas. El padre Fenris giró la cabeza y miró las fotos.

- ¿Por qué Padre?. ¿Es esta la obra de Dios que tanto os empeñais por extender?.-


- Los caminos del señor son inexcrutables - Fenris contestó impasible.

- ¡No me jodas Fenris!, tengo a 4 hombres buenos muertos y quiero saber por qué!-

Fenris levantó los ojos de las fotos y miró al policia, - yo diría que no ha sabido hacer su trabajo-.

A Ronnie le dieron ganas de coger al cura de su sotana y hacerle comer todas y cada una de las fotos, pero se contuvo, por el momento.

Fenris volvió a mirar las fotos. - Cuando abandoné el seminario me mandaron al hospital St Francis, tenía que dar consuelo y esperanza a los enfermos terminales de cancer. Allí, quiso Dios que conociera a Peter Lacking, alto cargo de la empresa farmaceutica Zenecal. Peter quería limpiar su alma antes de morir. Me contó que tenían una vacuna contra el cancer que nunca llegaría a los enfermos. Después de tantos meses viendo morir a niños, jovenes, mujeres y hombres no podía creer como Dios podía dejar que la gente sufriese de esa manera.
Entonces, comprendrí que como Dios se presentó a Moises como una zarza ardiendo, a mi se me presentó como Peter Lacking. “Ve y libera a mi pueblo, que dejen de sufrir”. Tenía la misión, pero necesitaba el medio, el báculo de moises. Entonces conocí a John Goodman. Un hombre destrozado por el cancer pero con una fuerza, determinación y liderazgo sin igual. Solo tuve que darle el primer empujón: le ayudé a sobreponerse de la quimio y le conté lo que sabía de industrias Zenecal. Como si estuviera guiado por Dios andó solo el resto del camino.

Ronnie escuchaba atotino el relato del cura sin encontarle el sentido. - Pero te disparó, te dejó medio invalido.- Fenris sonrió. - Decisión de Dios, sin duda. Lo importante era que John convenciera al resto de hombres para que se unieran a nuestra causa. Si para eso tengo que estar cojo el resto de mi vida. Que así sea.-

- Pero, ¿que pretendías conseguir con todo esto?, ¿matar a John y a los otros?- Como si de una respuesta se tratara alguien golpeó con fuerza el cristal y luego un agente entró en la sala. - Sargento, tiene que ver esto- gritaba mientras encendía la pequeña televisión de la sala.

La pantalla dividida en cuatro imágenes mostraban la misma escena, cientos de manisfestantes apostados delante de un edificio. El letrero sobreimpreso en la imágenes rezaba: Industrias Zenecal atacada por todo el país. Y abajo, la muerte de 4 hombres enfermos de cancer desatan la ira de la población.

Fenris bajó la cabeza mientras recitaba:

-Y los hijos de Yahvé vieron la verdad en los ojos de Moises, se liberaron de sus ataduras y exigieron el cese de su sufrimiento a los que tanto dolor y muerte les habría provocado. Y este Dios vengativo y piadoso les condujo a la tierra prometida.-

viernes, 8 de marzo de 2013

La Venganza De Un Buen Hombre - Tercera Parte

- ¿Y bien? – Esta vez el silencio en la otra línea fue más corto.

- No lo hagas John. – La sensación de pesimismo seguía inundando sus palabras.

- No me escuches si no quieres. Ya está ocurriendo.

- ¿Y luego qué? La prensa se encargará de poneros como un puñado de locos sin escrúpulos. Seréis noticia durante unos días y después seréis historia. La gente se olvidará de vosotros. Pero yo no, ¡ostia! – la garganta de Ronnie era como un megáfono que se escuchaba por toda la manzana. – A mí esto no se me olvidara en la puta vida. ¡Joder John, tú no eres así! Dile a Adam quien eres. Dile lo de tus estudios. Lo de tus becas. No eres un hombre violento. ¡¡Adam!! ¡¡Adam!! ¿¿Me escuchas??

- Me aburres, Ronnie. – Como siempre la barrera emocional de John heló la conversación.- Poned el video. Tenéis cinco minutos o alguien morirá aquí dentro.

Ronnie tenía algo de razón, eso era evidente. John había pasado muchos años de su vida estudiando los libros de veterinaria de su padre en una pequeña granja de San Bernardino. No paró de estudiar hasta que le ofrecieron una beca del condado y un equipo de trabajo en un laboratorio de un centro ganadero de las afueras. Algunos de sus compañeros de trabajo vivían con sus familias en los centros residenciales. Ronnie era sobrino de uno de ellos e iba allí por orden de su padre, el capitán Richard Berman. Pasaba las vacaciones ayudando a su tío en lo que podía a cambio de muy poco dinero. Cuando creció y reunió el suficiente valor para enfrentarse a su padre se trasladó a la gran ciudad, convirtiéndose en el brillante policía que es hoy.

- ¡¡Me cago en mi padre Alex!! ¿Me quieres pasar ya ese informe?- Habían pasado tres minutos pero Ronnie quería estar seguro antes de volver a coger el auricular. No había tiempo para leer nada así que se centro en las imágenes de los radares infrarrojos. Aquello estaba atestado de gente. Los importantes en el suelo o amordazado. Los moribundos en pie o en posición de combate. Pero hay algo más. Algo que Ronnie no terminaba de asumir. – ¿Qué mierda son esas cosas, Alex?

- Según el informe son perros, señor. Y de los grandes.

Aquello no tenía puto sentido. ¿Ese era su plan B? ¿Qué unos perros le hagan el trabajo sucio? Las bombas lacrimógenas previas al ataque los dejarían fuera de lugar. Entonces, ¿Qué hacían allí?

- Me informan de centralita que el equipo de asalto está listo señor. Solicitan respuesta inmediata de la situación.

“Un poco más de tiempo, joder.”- Pensaba para sus adentros. El cerebro le iba a estallar de tanta presión. Agotado y carcomido por la ansiedad cogió el teléfono, dispuesto a darse por vencido. – “¡No! Aun queda un minuto.”- Pulsó el botón de rellamada y cuando descolgaron en la otra línea dijo la última palabra que le quedaba en la recamara.

- Riverside.

Ni una mofa, ni un insulto, ni una orden. El silencio era lo mejor que le podía pasar en estos momentos. – Riverside. La granja con el laboratorio. ¿Donde si no ibas a entrenar a tanto perro? – La angustia apenas le dejaba respirar.

- Te queda menos de un minuto, chaval.

Había algo nuevo en su tono. Podía sentirlo. Era su oportunidad. – El padre Ferris dijo que estabas reclutando un ejército. Esa es la clave, ¿no? Los perros no están ahí para cubriros las espaldas. Los perros son parte del ejército. ¡Ellos también están enfermos! Tengo razón. Sé que la tengo. Que pasó en Riverside John? El centro cerró porque tus investigaciones fracasaron. Los dejaste sin fondos ¿Y luego qué? ¿La compraste con un falso nombre para seguir con tus juegos? ¿Qué es lo que no me estas contando John? -

- Cállate. Es mejor que no lo sepas.

Seco, duro, pesado. Tanta frialdad era ya el colmo. No la soportaba. – ¿Qué nos ocultas John? ¡Dímelo antes de que sea tarde! – Si la diplomacia no le hacía hablar quizás la rabia le fuese de más provecho. No se equivocó.

- De acuerdo Ronnie. ¿Qué es lo que quieres saber? – a pesar de lo delicado del momento era admirable cómo conseguía mantener la compostura - ¿Que nos ofrecieron contratos millonarios por utilizar nuestros animales como cobayas para un supuesto fármaco revolucionario? ¿Que tuve que soportar amenazas y sabotajes porque nos negamos a utilizarlo? Tú no sabes el dolor y la agonía que se sufre cuando engordas a los animales con esa mierda. Yo si lo sé. Más de lo que te puedes imaginar. Y si, le pedí a un pariente lejano que me ayudara a recomprar el centro. ¿Y sabes que descubrí? Escucha bien que esto te interesa. ¿Sabes lo que nos hicieron esos hijos de puta? Todo ese equipo tan maravilloso que nos ofrecieron, esos hogares tan acogedores… ¡Puta basura! Lo compraron todo en países donde no les importa una mierda el cáncer. ¿Sabes por qué fracasó el proyecto? ¿Lo sabes? Por el agua joder. No había un solo depósito en el centro que no estuviera fabricado con ese material de mierda que envenenó y mató a mis animales uno por uno. Incluso los del agua potable era nocivos. Pensar que la purificábamos solo para ponerla en un sitio que era aun peor. De esa agua bebimos todos, incluido tú, ¡jodido imbécil! – Tras un momento de pausa recuperó el tono frio y distante del comienzo de la negociación. - Crees que estás a salvo, que esto nunca te va a pasar a ti. Pero estás equivocado. Esa agua mató a los animales, me matará a mí y tú serás el siguiente. Puede que no hoy, ni mañana. Pero yo que tú me iba buscando un buen médico.

Era más de lo que Ronnie podía soportar. Mientras el mundo se le caía encima sentía como las fuerzas le abandonaban. Cerró los ojos un instante y dejo caer el auricular lentamente hasta tocar el suelo una vez, y otra. John volvió a hablar, sin que esta vez nadie pudiera oírle.

- Han pasado cinco minutos, Ronnie. - Y colgó.

viernes, 1 de marzo de 2013

La Venganza De Un Buen Hombre - Segunda Parte



Pese a los nervios que sentía, no era la primera vez que Ronnie se encontraba en una situación parecida a esta. Podía decirse que era algo habitual en su trabajo. Al fin y al cabo era negociador en la policía de Los Ángeles y sin embargo esté caso estaba haciendo que las manos le temblaban como la primera vez.

A lo largo de una buena cantidad de años había participado en la resolución de grandes crisis, pero nunca en una tan complicada como esta. No se trataba de un grupo de fríos terroristas tomando el Nakatomi Plaza, no era el típico atraco a un banco perpetrado con más rabia que cabeza, no eran integristas religiosos. No. Se trataba de algo mucho peor. Se trataba de gente normal, sin antecedentes, cuya máxima falta había sido una multa por aparcamiento. Personas con las que Ronnie podía empatizar, entender porqué de su acción.

Eso sin pensar si quiera en quienes eran los rehenes.

- Escúchame “Bob” – la voz de Ronnie a través del teléfono sonaba cálida, confiable, como la de un viejo locutor de radio - Habéis hecho una locura, habéis llegado demasiado lejos, pero aún podemos solucionarlo. Entiendo tus razones, todos los que estamos aquí abajo las entendemos, pero no puede ser. Todos sois buenas personas, buenos hombres. “Bob”,  sabes lo que tenéis que hacer ¿verdad? – Al otro lado de la línea únicamente se oía silencio –“Bob”, ¿Estás ahí?

- Sí Ronnie, no me he movido de aquí – La respuesta fue seca, rápida. “Bob” estaba tranquilo, no parecía presionado por la situación ni por las tanquetas, escuadrones militares y aviones que rodeaban el edificio – No me moveré hasta que atendáis nuestra petición

- Bien “Bob” – Pese a su trabajada dicción, a Ronnie se le notaba ya cansado. Llevaban casi cuatro horas de secuestro y no había logrado nada en la negociación. Es más, era Ronnie el que parecía  estar ganando – Ahora mismo no podemos hacer lo que nos pedís. Necesitamos la autorización del presidente y…

- Si quieres te lo paso Ronnie – Por una vez la frialdad de “Bob” dejaba paso a un poco de humor, muy correoso, pero humor al fin y al cabo – Lo tengo aquí mismo

- No bromees con eso “Bob” – Ronnie marcó mucho el nombre de “Bob” dejando ver que sabía que no era ese su verdadero nobre  – Sabes muy bien cómo funciona esto. Aquí abajo tenemos muchas presiones… ¡Maldita sea! – Ronnie estaba a punto de quebrarse – La gente está muy nerviosa y esos comentarios no ayudan. Quieren entrar ahí dentro y masacraros y con todo este arsenal sabes que lo podrían hacer en un instante…

- Tranquilízate Ronnie, no te salgas de tu papel  - “Bob” sabía que Ronnie le decía la verdad - Tu y yo sabemos que eso no va a pasar. Al menos no mientras tengamos al G20 en pleno en nuestras manos. No pedimos dinero, ni helicópteros, ni siquiera un indulto, sólo pedimos hacer público nuestro comunicado

- No puedo “Bob” – Ronnie estaba derrotado - No podemos hacerlo, no me pidas cosas que sabes que no te puedo dar.

- No lo entiendo Ronnie. Lo único que te estamos pidiendo es que pongas el video. Adam - "Bob" llamó a uno de sus compañeros - ¿Estás escuchando lo que dice, lo entiendes? Porque desde luego yo no lo comprendo. No quieren poner el vídeo, prefieren que haya una sangría, que matemos a los presidentes de los veinte países más poderoso del mundo antes de poner un jodido video – la voz de “Bob” volvía a ser inflexible – Ronnie, vamos a vernos obligados a comenzar a ejecutar a los presidentes si seguimos oyendo tantas negativas

- ¡No!  - Se le escapó a Ronnie, “Bob” le estaba ganando la batalla - Mira “Bob”, desde el centro de operaciones me dicen que están preparados. Van a entrar, van a mataros. No tenemos mucho tiempo más para negociar, se razonable por una vez. ¡Por dios "Bob" tu no eres así!... Van a mataros...

- ¿Crees que nos importa? – “Bob” era como una enorme pared de hielo a la que nada parecía afectarle – Sabéis quienes somos. Ronnie, tenéis nuestros historiales, sabéis que somos enfermos terminales, que estamos deseando morir. Eso sí, en cuanto entréis aquí y acabéis con nosotros, la red se verá inundada con ese vídeo que no queréis hacer público y no podréis pararlo… Explicaremos todo en ese vídeo y ten por seguro que se nos verá como héroes, como mártires y no como terroristas. No creo que esa sea lo mejor para vosotros, mejor dicho, para ellos ¿Te han dicho que hay en el video Ronnie? ¿Lo has visto? ¿No, verdad?

-

- El mes pasado una multinacional farmacológica de Washington patentó un tratamiento contra el cáncer. Sin necesidad de quimio, ni radio, ni largas sesiones de cócteles químicos. Nada de pruebas eternas en máquinas costosas ni años de sufrimiento y gasto médico. Un mes, un mes Ronnie. Un mes tomando una simple pastilla y desaparece todo rastro de la enfermedad. Su coste de fabricación es ridículo. ¿Sabes cuando sale a la venta Ronnie? ¿Lo sabes? – tras una breve pausa, “Bob” se respondió a sí mismo – Nunca. No es rentable. El cáncer, esa muerte larga y dolorosa, les genera una riqueza que no están dispuestos a perder... y nadie en este mundo, ni siquiera los veinte hombres más poderosos, va a hacer nada al respecto – “Bob” hizo una larga pausa -  Han hecho una locura, han llegado demasiado lejos, pero aún podemos solucionarlo. Ronnie, entiendo que es tu trabajo, entiendo tus razones, todos los que estamos aquí arriba las entendemos, pero no puede ser. Todos sois buenas personas, buenos hombres. Ronnie, sabes lo que tenéis que hacer ¿verdad? – Al otro lado de la línea únicamente se oía silencio – Ronnie, ¿Estás ahí?

- Sí John, estoy aquí.


viernes, 15 de febrero de 2013

La Venganza De Un Buen Hombre - Primera Parte



Apareció de la nada, como todos los demás de la reunión. Afuera, la lluvia azotaba sin piedad los coches que se alineaban en el parking del centro cívico. Dentro las goteras llenaban algunos cazos y barreños que, repartidos por toda la galería, servían como banda sonora al drama y las tragedias confesadas en voz alta. Como los demás, aquel hombre tenía unos cuarenta y pocos. Como los demás, llevaba una pegatina en el pecho con un nombre de pila que, con toda seguridad, sería falso.

“Bob” – o al menos así lo bautizaba su pegatina – vestía sudadera de color negro, pantalones vaqueros y calzado deportivo muy gastado. Tenía la cabeza afeitada y su complexión era atlética, más fuerte que los demás. Algunos lo miraban, sentados en sus sillas plegables, preguntándose en silencio cómo lo hacía. Cómo cóño podía mantener esa figura con un cáncer corroyendo sus entrañas.

“Bob” permaneció en silencio, atendiendo cada una de las tristes historias que desfilaron durante la hora siguiente. El padre Ferris – un joven sacerdote recién salido del seminario – trataba de animar a los participantes, pidiendo aplausos entre intervenciones. “Bob” no aplaudía, limitándose a mordisquear un palillo con el que jugueteaba entre los labios. Escuchó impasible cómo “Ralph” había tenido que vender su casa para poder afrontar los primeros pagos de la quimioterapia. Ahora, su mujer, sus dos hijos y él dormían apiñados en el desván de su cuñado. Luego llegó el turno de “Adam”, a quien habían echado de su oficina al poco de descubrir su cáncer. Todas aquellas promesas de incentivos y cobertura médica ilimitada que la empresa le había hecho se esfumaron por un más que oportuno tecnicismo legal. Había dedicado diez años de su vida a esa empresa y no tardaron ni diez minutos en echarlo a la calle. El caso de “Tom” fue parecido... aunque en su caso fue toda la factoría la que había cerrado sus puertas para llevarla a un país donde no hubiese impedimento legal a la hora de contratar mano de obra infantil. La trasladaron después de haber estado en el pueblo casi cuarenta años, contaminando el aire y el agua... siendo posible cómplice del tumor que había condenado a “Tom” a morir en menos de un año.

“Bob” escuchó. Y escuchó. Y siguió mordisqueando su palillo hasta que éste cedió entre sus dientes. Entonces escupió a un lado, colando los diminutos fragmentos en una de las cazuelas que acumulaban agua de lluvia.

- Muy bien, “Tom”. Un aplauso para “Tom” – el eco de las palmas resonó con tristeza – Veo mucho valor reunido hoy aquí, si señor. – se escucharon las toses agónicas de “Ralph” – Aunque también veo que hay una nueva incorporación... – El padre Ferris se ajustó sus gafas de montura metálica para leer su etiqueta – “Bob”, ¿verdad? Cuéntanos, Bob... ¿cuál es tu histo...?
Cállate.

El padre Ferris no hubiera podido continuar la frase ni aunque le hubiese ido la vida en ello. El tono de voz de “Bob” era firme, autoritario. Como el de un general. Se puso de pié, eclipsando con su tamaño la escuálida figura del seminarista.

- A ellos no les interesa escuchar mi historia. – sus ojos azules pasaban de “Ralph” a “Adam”. De “Adam” a “Tom”. – Cuando un hombre sabe que va a morir con una certeza como la nuestra... – volvió a mirar al padre Ferris. – Siempre hay tíos como tú, para consolarlos. Para adormecerlos…

El seminarista tartamudeó algo parecido a una respuesta pero para entonces, “Bob” ya tenía la atención de todos los presentes.

- ¿Sabéis cuanto dinero mueve la industria de la quimioterapia? ¿O la de los demás tratamientos paliativos? - En su tono de voz había algo más que autoridad. Había una comprensión mutua. – Es muy rentable tener a los moribundos así, que sigan vivos cuanto más tiempo, mejor… - Ni “Ralph” ni “Adam” ni “Tom” le habían visto en su vida, pero podrían haber jurado sobre la biblia que “Bob” sabía lo que era estar desesperado.

Entonces, “Bob” sacó una pistola. Una calibre cuarenta y cinco. La había llevado todo ese tiempo oculta bajo la sudadera.

- Esto es intolerable... – el padre Ferris se incorporó – “Bob”, voy a tener que pedirte que...

Ocurrió tan rápido que, para cuando se dieron cuenta, la sangre salpicaba ya las prendas de todos los presentes. Los gritos del padre Ferris resonaban en la galería mientras se aferraba la rodilla. No volvería a caminar con normalidad en lo que le quedaba de vida.

- ¿Sabéis por qué ponen a tíos como él a dar charlas como estas?. – aunque todos se habían levantado de sus sillas, sólo “Adam” hizo el gesto de intentar salir de allí. “Bob” lo fulminó con la mirada. – Porque les acojona. Les acojona lo que un tío como vosotros puede llegar a hacer.
- Mi rodilla, joder… - la sangre manaba a chorros de la rodilla inútil del padre Ferris. Pero ninguno de los presentes movería un dedo por ayudarle. No. Había algo en las palabras de “Bob” que resultaba casi hipnótico.
- No ha sido culpa de la mala suerte. Ni de Dios. Vais a morir. En un mes, dos meses... - el calibre cuarenta y cinco pasaba de “Adam” a “Tom”, de “Tom” a “Ralph” – Y cuando eso pase, los hijos de puta que os han llevado hasta aquí van a seguir ganando pasta… Los banqueros que se llevaron tu casa, “Ralph” – el cañón del arma pasó a “Adam” – …los directivos de tu empresa… - y, finalmente, la pistola miró a los ojos a “Tom” - … los cabrones que envenenaron tu pueblo.

“Bob” los encañonó en silencio mientras los gemidos de dolor del padre Ferris se alejaban. Había tratado de ponerse en pié, torpemente, intentando alcanzar la salida. Poco antes de que alcanzase la salida, fue “Adam” quien hizo la pregunta.

-  ¿Qué… quieres de nosotros?

“Bob” lo miró y puso de nuevo el arma ante sus narices. Estaba a menos de un centímetro de su cara. A esa distancia, lo mataría en apenas un puñado de segundos. “Adam” se sorprendió al no sentir miedo… sino paz. Lo rápido y fácil que sería todo, pensó, si ese chiflado le volase los sesos en ese preciso instante. No más sesiones de “químio”. No más agonía.

Pero “Bob” sabía que aquello no iba a ser ni rápido ni fácil. Dejó que el arma se deslizase entre sus dedos, ofreciendola por la empuñadura a un atónito “Adam”.

- Estoy reclutando un ejército, “Adam”. – “Bob” miró a los otros dos – Vamos a demostrarle a unos cuantos hijos de puta lo que pueden hacer un puñado de tíos que no le tienen miedo a morir.